jueves, 24 de febrero de 2011

La idea del templo dórico

Fragmento de § 172, “Dórico”, del capítulo 10, “Estereotomía, aspectos técnicos-históricos”. 

[El siguiente texto es una traducción original, publicada aquí como adelanto de la próxima edición de Gottfried Semper,
El estilo en las artes técnicas y tectónicas en español, e incluye notas del traductor (†[N. T. E.:… ]) e imágenes agregadas especialmente a esta edición. Se autoriza la reproducción total o parcial con la atribución al traductor, Juan Ignacio Azpiazu, e indicando como fuente este blog, semper-estilo.blogspot.com.]

De modo que el lejano Egipto brinda datos confiables acerca de la fisiología general del armazón de piedra, incluso corroborados por escritos contemporáneos, mientras que la historia monumental de Grecia, tan relevante para nuestras propias tradiciones artísticas, queda envuelta en una densa neblina casi inmediatamente más allá del período de máximo florecimiento. De casi ningún monumento de Sicilia y del sur de Italia, de ningún templo u otro resto arquitectónico de Asia Menor tenemos datos precisos acerca de la época y las circunstancias de su construcción, ni es demostrable su correspondencia con obra alguna sobre la que se encuentre siquiera un exiguo comentario en los escritores antiguos. Lo mismo vale para las ruinas del arte griego de la Hélade misma, con excepción de unas pocas cuya correspondencia con las famosas obras de la era de Pericles es indudable.

Ya durante la edad dorada de Grecia reinaba entre los contemporáneos la mayor confusión acerca del origen y la historia de su arquitectura; en vez de datos precisos nos dejaron en general sólo fábulas, cuentos de artistas, y fantasías especulativas acerca de la invención y el sentido de ciertas formas tradicionales.

Lamentablemente les hemos dado demasiado valor, y hemos tomado seriamente mucho que los antiguos mismos sólo consideraban ficción artística.

Así es que nos ha quedado de tiempos antiguos más de un error que alegremente se sigue difundiendo en nuestros textos, lo que ha resultado en gran confusión en las percepciones acerca de los estilos griegos y su historia. Uno de esos errores heredados de la antigüedad hace en primer lugar a la planta de templo helénico (dórico) y por lo tanto a la misma cuestión fundamental de la naturaleza del estilo dórico.

Con el tardío despertar de la idea cultural dórica-helénica, tipos artísticos que tenían existencia y regla por tradición antiquísima, muy anterior a los tiempos del arte monumental, fueron arrancados de combinaciones anteriores ya completas y terminadas en sí mismas, recombinados al azar y sin referentes, mutilados, y mal empleados sin piedad alguna. Era necesario que primero se soltaran de todas sus ataduras previas para que pudieran estar libres de entrar en una nueva combinación en torno a un nuevo núcleo conceptual*.
*: Con lo que la abundancia de tipos antiguos-tradicionales se asemeja a los primeros comienzos de la representación mística-histórica helénica en las vasijas más antiguas.

Este nuevo concepto fue el templo períptero, el techo a dos aguas sostenido por columnas, la choza (skene) monumental, en contraposición con el simple sekos grecoitálico antiguo (o pelásgico-aqueo, según la denominación de Thiersch), la cámara oblonga (cella) que alberga la imagen de culto, que en su exigüidad desnuda queda completamente aplastada colocada por delante, por detrás o por encima del imponente basamento ciclópeo del altar sacrificial, y que está desprovista de todo significado formal independiente a pesar de que contiene la esencia y la encarnación de todo el aparato de culto.


Megaron de Deméter en Selinunte
A la derecha el propileo, en el centro el altar. El ancho exterior del megaron es de unos 7 m.
De Koldewey, Die griechischen Tempel in Unteritalien und Sicilien, tomo 2

Sekos dedicado al culto de Isis, en una pintura de Herculano
De Piroli, Le antichità di Ercolano esposte, tomo 2

La idea de brindarle a la cella desnuda, espacialmente pequeña, la autoridad de la que carecía, llevó entonces a construirle un templo, es decir un perímetro sagrado (temenos) cuadrangular cubierto cuyo techo sobre columnas no reemplaza a la cella (que mantiene su plena sacralidad anterior) sino que sólo está destinado a recibirla, y también en términos constructivos es completamente independiente de la misma, así como el santuario interior es independiente del sekos egipcio o el Templo Judío lo es del Arca de la Alianza. Una cápsula monumental para el santuario —pero una cápsula abierta, que no oculta al santísimo†, o mejor dicho a su cobertura inmediata*, la cella, como lo hace el templo egipcio-judío, sino que la deja visible al mismo tiempo que le brinda protección, y sobre todo realza y aumenta su autoridad tanto espacialmente como simbólicamente; un potente tendido de sombra monumental (baldaquino), el símbolo inmemorial de poder y soberanía terrenal y celestial.
*: Que en realidad ya contiene el concepto del templo en una encarnación anterior y que es un alojamiento interno para el santísimo.

† [N. T.:
das Allerheiligste, o el sancta sanctorum; el santuario interno al que sólo entra el sacerdote.]

Reconstrucción del tabernáculo de Moisés.
Una tienda exterior protege a la tienda interior; en su parte posterior, cerrado por una cortina, está el sancta sanctorum, que contiene el Arca de la Alianza.  


El pseudodíptero F de Selinunte
De Hittorff, Recueil des monuments de Ségeste et de Sélinonte (1870)


El templo F de Selinunte, relevamiento de 1899.
La antecámara y la segunda línea de columnas del frente sería una adición.
Ampliando la imagen se ve la línea de frente del estilóbato inicial.
El templo tenía mamparas de piedra entre las columnas; en el dibujo se reconocen sus restos,
que no habían sido descubiertos todavía en 1863.
De Koldewey, Die griechischen Tempel in Unteritalien und Sicilien, tomo 2


Por lo tanto los comienzos del templo dórico no son, como pretenden Vitruvio y, siguiéndolo, todos los eruditos del arte, los templos in antis, la cellas con un pórtico anterior abierto cuyo dintel está soportado por las antas de las proyecciones de los muros y dos columnas intermedias, sino el períptero completo, el techo sobre columnas abierto todo alrededor como expresión absoluta del nuevo templo dórico, como opuesto fundamental y positivo del templo in antis*, del que en estilo dórico hay tan sólo pocos y tardíos**. Estos templos in antis son de origen asiático o prehelénico y, al igual que sus modificaciones, la cella próstila etrusca-romana y la cella anfipróstila (con pórtico anterior y posterior), motivos prehelénicos mezclados en mayor o menor medida con dóricos.
*: Por esta razón el estilo dórico antiguo prescinde de las antas y con ellas de la columna in antis incluso en la cella de los templos peristilos, y recién la reincorpora más tarde. Las cellas de templo más antiguas de Selinunte, Paestum, Kardaki, y Assos no tienen antas ni columnas intermedias. Cuando allí aparecen manifiestan ser adiciones posteriores.
**: Dudo incluso que haya siquiera uno cuya función de templo esté demostrada.

El principio dórico se expresa con su carácter más originario entonces en las plantas perípteras en las que la separación entre la cella y el edificio columnado aparece con mayor definición, en las que se exhibe con mayor claridad la mutua independencia espacial y estructural de ambas partes. Éste es el caso en los templos de Selinunte, los más antiguos de los cuales también manifiestan su mayor antigüedad a través de otros rasgos, especialmente su decoración escultórica, lo que sirve como confirmación de lo dicho. A los templos como éstos, en los que los muros de las cellas se receden tan considerablemente por detrás de las columnas del peristilo que en medio habrían tenido espacio para una segunda fila de columnas, Vitruvio y sus seguidores los llaman, confundiendo los conceptos, pseudodípteros, con lo que se los identifica como desarrollos de una época tardía y ya refinada —aunque ésta sólo retomaría en el pseudodíptero (jónico) los motivos más antiguos presentes aquí en Selinunte*.
*: Esas cellas de templo de Selinunte no se relacionan en líneas y proporciones con la arquitectura exterior, ni en planta ni en alzado, y de hecho la disociación entre ambos elementos de la forma aparece de manera más decidida y brusca en los monumentos más antiguos. Obviamente expresión deliberada de una separación que difícilmente podía lograrse en términos reales y constructivos, ya que los muros de la cella son necesarios como soportes del techo. La disposición interior de las cellas más antiguas (Kardaki, Selinunte, Paestum) es todavía completamente asiática, con un pórtico anterior, un santuario, y un santísimo para recibir la simple imagen de madera de la divinidad, el brétas [βρέτας]. El realce de esta última por medio del arte, que condujo finalmente a la estatua colosal criselefantina, requirió el abandono del santísimo y una cella más amplia. Así se originó el templo períptero, con la disposición más desarrollada de la cella, a partir de la forma llamada (de manera completamente ilógica) pseudodíptero. La progresiva ampliación de la cella condujo finalmente a la forma pseudoperíptera, como en el Templo de Zeus de Agrigento.
De modo que el llamado pseudodíptero sería el esquema de planta dórico más antiguo, como un períptero con una cella de orden menor que se amplía con el tiempo a medida que crecen las dimensiones de la imagen de culto y pasa a combinarse con el edificio columnado, lo que origina el posterior esquema períptero. El díptero, con ocho columnas al frente y un doble pteron alrededor de la cella, y el decástilo con diez columnas al frente, son obviamente ampliaciones posteriores de la planta dórica original de seis columnas, generalmente utilizando el modo jónico o el corintio para su ejecución.


La ampliación de la cella en el templo períptero para recibir a la estatua colosal.
Templo de Egina, reconstrucción de Charles Garnier de 1852.
De Garnier, Le temple de Jupiter Panhéllenien (1884)


Reconstrucción de Cockerell del templo colosal de Zeus Olímpico (B) en Agrigento,
pseudoperíptero, con la pared de la cella llevada a la línea externa de columnas.
 De C. R. Cockerell, “The temple of Jupiter Olympius at Agrigentum”,
parte del tomo cuarto complementario a Stuart y Revett, Antiquities of Athens (1830).


El gran concepto arquitectónico dórico, opuesto sublime y ligero de la sombría construcción de basamento pre-helénica, aquea o grecoitálica, es entonces en sí mismo independiente de la tectónica de piedra, incluso si recién a través de ésta adquiere su auténtica expresión formal. Por lo tanto ciertamente es posible pensar al principio dórico, tal como está presente en el techo de templo períptero, como una inspiración repentina, como algo inmediatamente terminado que como tal no tuvo historia de desarrollo sino que como Palas Atenea nació con todas sus armas†, pero nunca aceptaremos que pudo haber adquirido una expresión artística completamente clara y armónica en todas sus partes sino a través de transiciones. Más bien fue concebido, en medio de la confusión de todos los elementos formales que recién más tarde se separarían en los distintos modos†, antes de la introducción en Grecia de la carpintería de piedra —y entonces también antes de la consolidación del canon dórico condicionado por el estilo de la piedra.

Lo dicho es exactamente opuesto a las concepciones vigentes en la historia del arte y conduce a conclusiones que contradicen en más de un punto las hipótesis tradicionales acerca del desarrollo y de las edades relativas de los restos de arquitectura griega que se preservan. Nos proponemos usarlo en lo siguiente como base para nuestras ideas sobre el desarrollo de la tectónica de piedra griega, sobre los distintos modos en que surgió, y sobre la relación entre los monumentos en lo que se refiere a sus respectivas antigüedades, para lo que invitamos al lector así dispuesto a releer § 77-82 del primer tomo y §§ 118-24 de éste, prestando especial atención a lo allí dicho acerca de la influencia de la alfarería sobre la arquitectura griega y el notable vínculo entre las historias de ambas.

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